La libertad de ser y no ser.

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Un buen regalo de navidad

 

For you, you, whoever, wherever you are

in time to come, in a year or in fifty

who have grabbed me, found me on the cluttered bookstall

and gone, book clutched in your hand, or stuffed in pocket,

to the near café or steaming snack bar.

(…)

Louis Dudek

 

¿Cuál sería un buen regalo para ti?

      Esta época es la apropiada para pensar. ¿Pensar en qué? No sé, pensar, sólo pensar; desde el por qué de nuestro existir, pasando por nuestra complejidad gubernamental -que deviene existencial-, hasta el amor poderoso y fuerte que, ya estando ahí, uno ha encontrado. Pensar, reflexionar, ser libres, por lo menos en la libertad del ensimismamiento.

       Tengo una sobrina de apenas un mes. Los niños le dan tanta vida a la vida, nos regresan esa parte nuestra que ha volado, que ha huido por las circunstancias del pasar del tiempo, de la rapidez crónica. Sin embargo, es momento para pensar sobre lo que queramos como queramos, desde nuestros conflictos hasta esas situaciones actuales y hermosas que no tienen palabra para ser designadas por creerlas poco importantes; pensar el amor y el odio, sin orden; con libertad caótica, con libertad infantil.

       ¿Por qué esta época? Simplemente porque sí, ¿por qué no? Es el punto en que el año termina para el mundo occidental en el que estamos inmersos; el frío acostumbrado del invierno en el hemisferio norte nos da el suficiente coraje y templanza para enfrentar nuestros  pensamientos, nuestros delirios, nuestras pasiones; los anuncios publicitarios enfrentan un reto enorme y ese reto quiere decir desafío, quiere decir oportunidad para pensar al reto como lo queramos… No importa la época, por eso; basta con decir que hay una, que puede ser una semana, un mes, una estación, un año, un lustro, una década, un siglo, toda la vida, todas las vidas. El caso es que hay una época; para unos puede ser una, para otros, otra; pero siempre es época, siempre para unos, siempre para otros.

       Se me olvida algo… ésta es la temporada en que damos  más regalos.

       Piensa en un regalo para mí, sé que quizás no me conoces, pero piénsalo por un momento, recuerda, sé libre.

       No me regales nada, eso conlleva pleitesía y ésta, reverencia. Bueno, sé libre,  si quieres puedes hacerlo. No, que no se te quede la idea de que no quiero, es más, regálame algo, debes hacerlo. ¿Ya tienes la respuesta adecuada, la solución al problema?

       La cuestión es la siguiente: estoy pensando en no pensar, en ponerme en stand by. ¿Puedo hacerlo? Así me ahorraría muchas dificultades, así podría ser feliz, vivir sin preocupaciones, podría ser yo sin tener que ser los demás. ¿Acaso es parecido a lo que nos dicen que hagamos? «Sé tú, que no te importe lo que digan los demás».  Eso me lo han dicho muchos, e implica ser yo, solamente yo, aun sabiendo que los demás sufren, aun conociendo que yo  sufro y que puedo necesitar de los demás. Seré yo, lo he decidido, seré yo.

       Entonces, ¿qué me puedes regalar? No me importas, no te debo importar, «sé tú, que no te importen los demás». Si aún tienes esas ganas de darme algo, está bien, estoy seguro es un excelente obsequio; si no, también está bien, mi regalo es que seas tú (aunque de todos modos me estés dando un presente).

       No dejamos de dar, no dejamos de quitar. Todavía podemos pensar, a pesar de que demos y nos quiten ideas sin que nos pidan nuestra opinión. Pensemos que no pensamos, que nos regalamos pensamientos que no tenemos. Te regalo entonces lo que no tengo, pero algo te estoy dando, ¿qué es? ¿Acaso te estoy dando el pensamiento de que no te brindo nada?

       ¿Es posible no pensar en ti para darte un regalo? ¿Pensar sólo en mí, sin que nada más me importe? ¿Cómo podemos dar algo que no tenemos en donde no estamos con quien no somos, en cuclillas dentro de un armario sin luz, con tiliches y sólo eso; a ciegas y con obstáculos?

       Para obsequiar algo se necesita confianza, ¿cuántas veces le has regalado algo a alguien que ni siquiera conoces? Y cuando lo has hecho, estoy prácticamente seguro de que has tenido una sensación extraña, ¿qué es? ¿Qué otorgamos en ese regalo que se siente tan raro cuando lo damos sin tener las ganas o sin conocer perfectamente nuestra situación. ¿Qué brindamos en un obsequio? ¡Damos un secreto! Pero es un secreto, recuérdalo.

       La envoltura significa ello, pero en realidad no es el secreto del precio o el secreto de la cosa, sino algo mágico; aquello es solamente parte de la forma de nuestro secreto. Dar un secreto requiere comunicar un secreto, parece simplista esta afirmación, pero comunicar quiere decir que hay un espacio común, es decir, un punto en que ambas partes se vuelven una, al conocer el mismo secreto, al tener consciencia de la misma magia.

       Tu regalo, quiero decir, mi regalo o, mejor dicho,  nuestro regalo, nuestro común secreto es simple, claro, diáfano, hermoso. El secreto es eso que no es tuyo ni mío, sino nuestro. Se produce el lazo, una relación, una sensación de comunidad que en muchas ocasiones nos sentimos obligados a corresponder, no, como apoya Bourdieu[1], simplemente por reciprocidad, es cierto que existe ésta, pero es también una acción en la que se comunica que el secreto ha sido entendido. Dos personas, dos regalos, dos secretos, dos mensajes, un lazo, que permanece fuerte.

       Por eso tu regalo debe ser libre; porque en realidad lo que importa no es tanto el objeto en sí, sino la comunicación entablada. El pensamiento cargado con la intención de llevar un mensaje oculto para llevarlo a la objetivación que representa el obsequio es la génesis del ritual.

       Piensa, por eso, lo que quieras, después dímelo o no me lo digas, pero piénsalo y yo me podré dar cuenta algún día que lo has pensado; es la mejor muestra mágica de respeto, es decir, el mejor presente que yo pudiese tener.

       Sin ti, mi pensamiento no podría existir tal como es; no me podrías querer o conocer como soy si yo no te hubiese conocido, y tú no serías como eres si no hubieses conocido a otras personas, que, quizás, también estén leyéndome. Sin ti, yo no tengo nada, no tengo regalo, no tengo magia, no tengo cómo pensarme; gracias a ti, estoy escribiendo esto. Tú, sólo por ser , eres un presente, pero también un futuro y ese futuro es un pensamiento latente, una comunicación latente; mi mejor regalo.


[1] Bourdieu, Pierre, Razones Prácticas. Sobre la teoría de la acción, Anagrama, Barcelona, 1997, pp. 160-167

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